Casillas y escupir en el escudo

Empecemos con un topicazo. Siempre me pareció un buen chico. Al igual que Raúl en sus principios. Luego ya, el que muchos falsamente llamaban el siete de España, se envileció, vete a saber porqué. Es raro que uno, con cierta reticencia a todo aquello que huele a madridismo florentiniano como servidor, acepte esto de buen grado y lo haga público. Pero no me hacía falta que lo dijera el propio Iker entre sollozos. Yo me creo que sea una buena persona. Al igual que Zidane y Beckham. Y a pesar de como, de bien, llevan el traje, los cabrones.

Iker Casillas

Iker Casillas. Foto: © planfutbolero

Pero esta España futbolera es mala para retirarse. Vete tú a saber si es por los dirigentes o por la masa, cainita y despiadada, preocupada en vivir el presente. Jugadores que lo han sido todo en los clubes de su vida han tenido una salida funcionarial, gris y lluviosa, aunque cayeran rayos de sol justicieros. Y casi siempre por algún tira y afloja entre la planta noble y la cinta de capitán. Albelda, en el Valencia salió por la puerta de atrás por no palmear a Amadeo Salvo, presidente circunstancial. Y a Casillas puede que le haya pasado lo mismo con Florentino, autoproclamado emperador y que lo será hasta que él quiera, que será siempre. El Madrid es otra empresa de Flóper. Su razón de vivir. A tal nivel que ni la Preysler le desvía de su hoja de ruta.

Casillas pasó de ser un portero sin más a ser un ídolo, un mediático. El sueño de todo padre forofo. Cuantas manos milagrosas, cuantos pies sacados en el último momento han sido el inicio de celebraciones entre sábanas con nuevos Iker nueve meses después en el registro civil. Te sentías invencible cuando lo tenías de tu parte en la selección y apelabas a la histórica debilidad de la defensa blanca, -Flóper es de acumular delanteros como el niño rico que acumula cromos- para castigar tus cuerdas vocales al grito de gol. Y todas esas paradas, todos esos milagros, como de inspiración divina, fueron su marca y su losa. Parecía que no necesitaba esfuerzo, que era un don innato, un Mozart de los palos. Y poco a poco, le hacían un Churchill. La mano que meció la cuna, con acento portugués, quizá con un ataque de celos rojos, comenzó a fraguar el desencanto con una tela de araña de ataque al eterno rival, con aquel dedo que guiaba el camino a los imbéciles analfabetos. Y cambió a la parroquia blanca de deidad, abrazándose al becerro de oro, que acabó como acabó, pero con Casillas marcado para siempre y cuestionado ad eternum.

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid.
Foto: © planfutbolero

Y Flóper acariciando su gato. Un tío que cree a pies juntillas que ‘El santo, cuanto más lejos, más milagroso’ estaba cerca de reventar, como un integrista, la última obra de arte de la cantera madridista. Tan molesta ella. Con los palmeros en los medios abrazados al poder. Despreciando la profesión. Exigiendo madridismo a Casillas que es igual que dejar de cobrar lo que es suyo. Otro irracional argumento, como el que no hay trabajo detrás de sus paradas.

Y aunque la ley de vida indicaba que tarde o temprano este día le iba a llegar, sus lagrimas han sido un poco las de todos. Las del 11 de julio de 2010 y las del 12 de julio de 2015. Volverá a su casa, pero eso ya no nos importará a quienes miramos lo que pasa en el verde. Incluso a él tampoco.

Y Oporto tiene mar. Buen lugar para irse a olvidar y (volver a) respirar.

 

 

Colaboración de José María Peris del blog ‘El Armario desordenado’

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