Los domingos futboleros de la ilusión

Yo crecí con un marcado protagonismo de la prensa en mi casa, en casi todas sus vertientes. Las tardes de entre semana tenían, en la mesa camilla de mi abuela, la radio como soniquete de compañía. Y los domingos, después del puchero, en aquella época la paella era para fiestas de guardar, y aprovechando las horas cortas de Sol cuando el invierno hacía honor a su nombre, seguía la jornada futbolera a través del transistor. Más adelante, ya entró en mis intereses la prensa escrita, principalmente Las Provincias, pero eso es otra historia, contada ya en otros lugares.

La radio, el fútbol y la ilusión

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La radio los domingos, decía. Onda media. Cuando sonaba un señor anunciando televisores Radiola. Con todos los partidos a las cinco. Cuando no había ni fútbol todos los sábados en la tele y, cuando lo había era en el segundo canal. Con la ronda de presentaciones desde los campos. Y dos tipos en cada escenario. Uno arriba, cenital, con visión plena y otro en la trinchera, cerca de los banquillos de gabardina y cigarrillo, que se encargaba de contar contando la afluencia de espectadores -media entrada, tres cuartos, lleno hasta la bandera-, y diagnosticaba acerca del estado del pasto como presentación en las ondas. Cuando no existía la desconexión local y las intervenciones de los locutores eran oro. Y se iban saltando las conexiones, marcadas desde el estudio, conforme el interés o conforme dejaba el partido de la jornada. Y ese orden solo se rompía cuando se oía un desgarrado grito de gol desde alguna de las cabinas. Alargando la vocal hasta el límite pulmonar. Y creías que era el narrador del partido de tu equipo. Lo intentabas adivinar, tras varias semanas de seguimiento. Y se te encogía el corazón mientras llegaba la ele del gol. Y sí, era el tuyo. Y tu imaginación ponía imágenes a las palabras del locutor, emocionado, quizá hincha como tú, pero con el privilegio de poder contarlo, de la jugada, mientras pensabas en el Kempes, Quini o Santillana de turno celebrar el gol con locura, la misma que te transmitía ese locutor, con sus pulmones al límite acabando la narración con la definición de victoria en el mundo del balón “… y el balón llega al fondo de la red”. Y con la coda del minuto de juego y resultado parcial. Y respirabas. Vamos ganando.

Eramos futboleros de radio. De escuchar declaraciones después del partido. De la quiniela cuando era una salida de la pobreza y protagonista. De las sorpresas rompe-quinielas. Un Murcia inspirado en el Camp Nou podía cambiar la alegría en casa de una familia de Valladolid, solo por una equis en un lugar u otro. Cuando tener catorce era una nueva vida.

Futboleros de radio. Complementados por el trasnoche del programa resumen. Pidiendo a nuestro padre pase pernocta para ver al equipo. Ver aquel gol narrado. El del balón llegando al fondo de la red. Con la moviola. Con la polémica. Y con el debate el lunes en el recreo. O más temprano, si la movida había sido gorda. Y en el recreo emular el gol con balones reglamentarios de papel de plata. Y haciendo de Juan Palomo, yo me lo regateo, yo me lo guiso, yo me lo narro. Y siempre con aquel balón llegando “al fondo de la red”.

Mis héroes iban de blanco con un murciélago en el pecho. Pero en otros lugares, en otros recreos, al lado de otras radios, estos mismos sueños tendrían otras zamarras, otros rivales, pero el mismo sentimiento y corazón. Y nos hicimos mayores, y en aquellos sueños, aparcados temporalmente por las nuevas tecnologías de nuestras vidas, permaneció siempre nuestro placer por el fútbol de verdad. Y la pasión lleva a volver al inicio, a ser futboleros otra vez, volviendo a mirar lo importante, lo del césped, las emociones, y los planes en torno al balón.

Esa es la idea de Plan Futbolero. Ser niño otra vez. O por lo menos, recordarlo.

Gracias y bienvenidos.

Colaboración de José María Peris del blog ‘El Armario desordenado’

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