Ya somos orientales. Reflexiones de una Eurocopa.

Pues ya acabó. Con victoria inesperada, me atrevo a decir. Mas por la trayectoria del campeón, en el torneo y en la propia final. Pero siempre he pensado que el que levanta la copa lo hace con todo merecimiento. Merecimiento de suerte, merecimiento de rapidez, merecimiento de superioridad, merecimiento de pillería… Hay varios merecimientos pero, siempre, el que la levanta lo hace desde ahí. Y el fútbol, queridos, no es justo. Como la vida.

Muchos hablan de esta Portugal comparándola con la Grecia del 2004. Y denota cierto aire de infravaloración a la victoria. Cierto es que aquella selección helena era primitiva hasta decir basta. Pero supo aprovechar sus fortalezas y minimizar sus debilidades, como buen gestor que fue el alemán Otto Rehhagel. Y sí, a todos nos gusta comer bien, una buena presentación y un entorno agradable. Y buena compañía, a ser posible. Pero cuando el hambre aprieta y lo importante es nutrirse, todos los efectismos están de más. Incluso la compañía.

Portugal campeón de la Euro 2016

Ya somos orientales. Reflexiones de una Eurocopa. Portugal campeón de la Euro 2016. Foto: PlanFutbolero.com

Pero es que ahora nos hemos hecho sibaritas hasta decir basta. Somos nuevos ricos del fútbol y nos hemos convertido en tan radicales en lo estético que la belleza solo queremos verla en una ristra de combinaciones, pases cortos, largos, desmarques de apoyo y ruptura. Menospreciamos el camino recto hacía el gol y nos gusta ver turistear al balón por todo el campo. Como espectadores, nos hemos hecho indies, hipsters o simplemente gilipollas y no vemos la belleza en un balón largo del portero, una peinada del delantero gigantón y el oportunismo del extremo ocupando el espacio para gritar gol. Porque eso es mainstream.

Pero muerta España casi al llegar -habría que definir ya la cuestión de reducir partidos de sus competiciones, señores Tebas y Villar-, tocaba hacernos de otra selección. Difícil mes tuvimos. Elegir presidente del gobierno y selección todo en uno. Y sin poder abstenerse en lo segundo. Y deshojando la margarita, nos decantamos por diversas selecciones por sus aficiones, por los comentaristas de sus países, por juego o por lo bonito de sus zamarras. Sopesada elección, con argumentos de peso, como pueden comprobar. Todas estas opciones fueron pulsadas para elegir. Esas y una más. Elegíamos selección por jugadores. Más bien, por un ÚNICO jugador.

Y en ese momento, todos nos volvimos orientales.

Porque allí no son de un equipo. Son del jugador. Como diría Obélix, están locos estos orientales. ¿Cómo vas a ser de un jugador, si la mayoría no son one-man-club? ¿Cómo vas a ser de Figo o de Luis Enrique, si han pasado al lado opuesto? Pues sí. Hemos evolucionado a eso. Esta Euro 2016, huérfanos de una España que era la fokin ama durante cuatro años, nos hemos comido personalismos e individualidades más que nunca, creando corrientes de opinión que nos ha hecho más orientales. Prueben a encontrar a algún atlético o sevillista que no fuese con Francia. O algún madridista que no fuese con Portugal, aunque por Gales tifaban con la boca pequeña. Encuentren a algún valencianista que no entonase “As armas” teniendo a dos de los suyos, uno de nuevo cuño, peleando por campeonar. Aunque quizá en este caso, la sobreexposición ronaldiana en los medios mitigase esto un poco, por aquello que Nani tiene que presentar servicios para conquistar corazones blanquinegros y Gomes parece más fuera que dentro de Mestalla.

Tantas cosas que podemos importar de Oriente y nos quedamos con esta. El decadente Imperio Español, rancio y agotado, renovándose en sus vicios, pero no en sus virtudes. El colonialismo catódico en su máxima expresión. Nacionalizándonos de manera exprés, como si fuésemos un Justin Doellman cualquiera.

Quizá hayamos tocado fondo. Quizá ese personalismo, esa trinchera mediática que permite disculpar a quien comete delitos o ver a quien llora por la selección de su país, enfundarse una casaca con forma de fado por devoción cristiana, pasándose por el forro toda lógica cuerda.

Quizá la basura está en otro lado. En otro nicho, fuera de las marujas y las amas de casa solitarias.

Joder, con lo bonito que era hablar de fútbol.

Luis, ¿por qué nos has abandonado?

 

Colaboración de José María Peris del blog ‘El Armario desordenado’

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