El último vals de los grandes

El caer a toda prisa de las hojas del calendario nos deja cosas como estas. Los ciclos tienen un principio y un final. Se van amigos antes de tiempo y se van conocidos que no eran necesarios para compartir sanos momentos. Incluso se van periodistas de personalisimo flequillo junto con la credibilidad del gremio y la infancia de quien los ha oído crecer. Y si nos centramos en el mundo del fútbol, deja de jugar gente que nos ha hecho feliz por momentos. Pero, a pesar de todo, hemos sido afortunados de haber vivido lo vivido. A nivel de selecciones, el triunfo atilano de España en tres competiciones consecutivas, con un fútbol que ha marcado una época. A nivel de clubes, grandes equipos que han hecho historia y jugadores destinados al Olimpo, como Messi y Ronaldo, a los que minimizamos cada hito extraordinario porque lo hemos vivido como algo ordinario. Pero este rincón tiene un aroma a romántico, a fútbol viejo, a detalles pequeños, que quizá esta vez no lo son tanto. Probablemente, en estas dos semanas veremos las últimas muestras de magia que salgan de sus botas a un nivel de élite, pero hemos sido muy afortunados de ver jugar a Pirlo y Xavi.

El último Vals, Pirlo y Xavi

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En el más democrático de los juegos, donde no importa tanto ser alto o bajito, gordo o flaco, Pirlo y Xavi, Xavi y Pirlo mostraron una manera diferente de entender el juego. Cuando ambos veían la mayoría de los partidos con la cabeza mirando al cielo, que era por donde pasaban los balones, hubo una vez que les cayó a sus botas y el tiempo se detuvo, como en cualquier efecto digno de Matrix. Y ya nada volvió a ser igual. En un hábitat donde se premia el centímetro y el músculo sobre el talento, Andrea y Hernández ejercieron su poder a golpe de toque asociativo, solidario, rascando con calma con cada tic-tac de pelota que buscaba el resquicio por donde lanzar la pelota interior para que el compañero de turno gozase de su abrazo con la red. Y hacían fácil lo difícil, o eso pensabas tú desde la comodidad del sofá y con el replay en cámara superlenta.

Ambos crecieron en ambientes hostiles, en los desiertos del catenaccio y la furia, por lo que su flor es más meritoria, si cabe. Y supieron adaptarse al medio, al de huir del cuerpo a cuerpo, a hacer de la finta y la mirada un modo de supervivencia frente al tackle y la carga reglamentaria en aquellos centrocampos plagados de este tipo de minas. Frente al coraje y la agresividad al límite como único argumento, replicaron con el tacto y una cabeza privilegiada para ver el juego medio segundo antes que los demás, provocando el calor de la hinchada y la alegría por ello.

Xavi y Pirlo nos han hecho, nos hacen, más alegres con sus tiralíneas, con sus asociaciones, con su maestría a balón parado. Hernández fue El Elegido, desde aquel mundial juvenil nigeriano donde fue campeón y mejor del torneo porque, según Paco González, el que es el mejor y campeón en este tipo de torneos es crack mundial. Y en esta Nostrapacus acertó. Y Andrea supo adaptarse al medio, dejando de ser trequartista en solitario para ampliar su angular de visión y construir magia desde el centro, siendo la antitesis de Gattussos, algunos necesarios y muchos excesivos.

Sabrán dejarlo a tiempo, aunque a nosotros el egoísmo como espectadores nos pide que jueguen eternamente. Pero las piernas ya no van tan rápido como la cabeza y sus entrenadores saborean cada instante con recatado racionamiento. Xavi lleva tiempo diciendo adiós, primero en la selección y poco a poco en el Barça, como el enfermo terminal que agota sus días con pequeños placeres con sus seres queridos, preparando el fatal momento, para perpetrar el buen recuerdo. Pirlo también, pero desde la competencia, desde el rol del maestro, dando las últimas lecciones a Pogba, Vidal o a quien quiera escucharlas en la azzurra, hasta que llegue el día, probablemente sin avisar, donde diga ‘The party is over’, haciendo un último guiño a aquello de ‘No Pirlo, no party’.

Estos dos martes y miércoles nos tocará sentarnos, junto a un buen priorato y una buena cuña de queso para sentir las últimas notas del vals de los grandes, deseando muy fuerte que a Iniesta, heredero natural, le queden muchas representaciones.

Colaboración de José María Peris del blog ‘El Armario desordenado’

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